Casi 77.000 espectadores se frotaron los ojos durante noventa minutos en Old Trafford, conocido como Teatro de los Sueños. Unos, los locales, porque vieron como su equipo no solamente era incapaz de vencer al Athletic sino que recibía un repaso durante casi 90 minutos; otros, cerca de 8.000 bilbaínos, porque disfrutaron en directo durante todo el choque de una exhibición de los leones.
El Athletic se vino arriba desde que saltó al césped de Old Trafford. Ni la media de edad tan baja de sus futbolistas ni la presión de una afición como la del United hicieron mella en los Herrera, Muniain o De Marcos. Como si diesen pases en cualquier campo de Euskadi, lo hicieron en el Teatro de los Sueños. El Loco Bielsa había hecho su trabajo los días previos. A buen seguro que enseñando decenas de vídeos.
Hay pocas palabras para plasmar lo que sucedió sobre el césped. Un dominio casi absoluto del Athletic solamente anulado por contras del Manchester que, eso sí, llevaban peligro, y mucho, a la portería de Gorka. Eso sí, Rooney se convirtió en el primero en celebrar un gol castigando inmerecidamente el buen inicio de los rojiblancos. Bielsa paseaba sin parar en la banda de Old Trafford. Pensativo. A lo suyo.
Por supuesto que no se amilanó este Athletic, una mezcla de garra y toque, que le están convirtiendo en uno de los que mejor fútbol están haciendo en la Liga española. El justo premio llegó en uno de esos momentos psicológicos, a un minuto del descanso. Llorente cabeceaba absolutamente sin oposición una jugada trenzada de los bilbaínos.
La locura de parte de la grada y de todo Bilbao continuó en la segunda mitad. Pero el éxtasis llegó en el minuto 71. Una maravilla de pase de Ander Herrera lo aprovechó De Marcos para poner el 1-2. La parroquia local esperaba que todo eso que estaba viviendo fuese un sueño, pero era verdad. Como lo fue el tercero del Athletic a "pie" de Muniain, aprovechando un rechace de un imperial De Gea y la pasividad de Rafael.
Un pequeño jarro de agua fría cayó sobre el Athletic con un penalti en el minuto 90 que transformó Rooney, sin mostrar el menos atisbo de nerviosismo. Al final, un 2-3 favorable para los de San Mamés pero sobre todo la imagen de buen fútbol que los de Bielsa plasmaron en el tapete de Old Trafford. Un partido de locos para las dos partes.
El Athletic se vino arriba desde que saltó al césped de Old Trafford. Ni la media de edad tan baja de sus futbolistas ni la presión de una afición como la del United hicieron mella en los Herrera, Muniain o De Marcos. Como si diesen pases en cualquier campo de Euskadi, lo hicieron en el Teatro de los Sueños. El Loco Bielsa había hecho su trabajo los días previos. A buen seguro que enseñando decenas de vídeos.
Hay pocas palabras para plasmar lo que sucedió sobre el césped. Un dominio casi absoluto del Athletic solamente anulado por contras del Manchester que, eso sí, llevaban peligro, y mucho, a la portería de Gorka. Eso sí, Rooney se convirtió en el primero en celebrar un gol castigando inmerecidamente el buen inicio de los rojiblancos. Bielsa paseaba sin parar en la banda de Old Trafford. Pensativo. A lo suyo.
Por supuesto que no se amilanó este Athletic, una mezcla de garra y toque, que le están convirtiendo en uno de los que mejor fútbol están haciendo en la Liga española. El justo premio llegó en uno de esos momentos psicológicos, a un minuto del descanso. Llorente cabeceaba absolutamente sin oposición una jugada trenzada de los bilbaínos.
La locura de parte de la grada y de todo Bilbao continuó en la segunda mitad. Pero el éxtasis llegó en el minuto 71. Una maravilla de pase de Ander Herrera lo aprovechó De Marcos para poner el 1-2. La parroquia local esperaba que todo eso que estaba viviendo fuese un sueño, pero era verdad. Como lo fue el tercero del Athletic a "pie" de Muniain, aprovechando un rechace de un imperial De Gea y la pasividad de Rafael.
Un pequeño jarro de agua fría cayó sobre el Athletic con un penalti en el minuto 90 que transformó Rooney, sin mostrar el menos atisbo de nerviosismo. Al final, un 2-3 favorable para los de San Mamés pero sobre todo la imagen de buen fútbol que los de Bielsa plasmaron en el tapete de Old Trafford. Un partido de locos para las dos partes.
